You hurt my feelings
- 30 ago 2024
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Como todas las charlas importantes, esta tiene lugar en la cocina. Estamos tomando el segundo termo de mate, a los veinte años y con una crisis creativa decido apuntar directamente hacia mi madre. “¿Por qué me diste una infancia feliz? Tal vez si hubieras sido alcohólica, o me hubieras maltratado de alguna manera yo tendría una historia para contar. Podría ser más fuerte y no me importaría lo que digan los demás”. Mi mamá me da una de sus miradas y se ríe. Sólo me di cuenta de lo equivocada que estaba cuando empecé terapia. Que ilusión. Qué herida.
You hurt my feelings (2023), traducida como “Me heriste” es la última película de la directora Nicole Holofcener. Nicole Holofcener es una directora sobre la que hay que estar atentos, ya que sus producciones son muy entretenidas para ver e incluyen perspectiva de género. Fue estudiante de Martín Scorsese, dirigió diversas películas como “La tierra de hábitos constantes”(2018), “Sobran las palabras” (2013), “Amigos con dinero” (2006) entre otras. Todas éstas están disponibles en plataformas como Netflix, Max y Amazon Prime. Lo que tienen en común esas historias es que hablan sobre las relaciones humanas en la vida cotidiana. ¿Cuál es la especificidad de “Me heriste”?

Beth (Julia Louis-Dreyfus) es una escritora casada con Don (Tobías Menzies) un psicoanalista. Ambos están cerca de los 50 años. Ella está por presentar su segundo libro pero su editora no le confirma que está para publicar. En un desafortunado encuentro ella escucha a su marido hablar de lo mal que está el libro, que no le gusta y que ya está agotado de decirle que está bien. Ahí se presenta el conflicto que ambos protagonistas deberán resolver. Sin embargo, la particularidad en el tratamiento de este problema es lo que le da cuerpo a la película y la saca de las clásicas comedias románticas. Para tratar de entender su situación, Beth levanta la mirada y comienza a hablar con sus allegados: su hermana, su cuñado, su hijo.
Hay dos aspectos sobre los que me quedo pensando con este argumento: la vocación y la influencia que tienen las palabras de nuestros padres.
Los cuatro personajes principales Beth, su hermana decoradora de interiores, su cuñado un actor frustrado y su esposo psicoanalista viven una crisis en relación a lo que han elegido hacer para darle sentido a su existencia. Están en un momento de su vida en donde la certeza de que sólo es cuestión de tiempo conseguir lo que uno desea se esfuma. No es tan fácil. Hay un concepto de Mario Margulis y Marcelo Urresti que es el de “Moratoria vital”, ellos proponen que “la juventud puede pensarse como un período de la vida en que se está en posesión de un excedente temporal, como si se tratara de algo que se tiene ahorrado, algo que se tiene de más y del que se puede disponer, que en los no jóvenes es más reducido, se va gastando y se va terminando antes: capital temporal”. En este caso, nuestros personajes son conscientes de que ese capital es finito y se preguntan ¿Qué sentido tiene lo que estoy haciendo? ¿Soy bueno o estoy perdiendo el tiempo? ¿Es lo que quiero realmente? El mundo está desapareciendo, ¿Para qué insistir con esto? Inevitable no traer la pregunta de Mary Oliver “¿Qué piensas hacer con tu única, salvaje y preciosa vida?”. La gracia de Holofcener es no dotar de solemnidad a esa pregunta sino hacerla en clave de comedia, mostrarla cercana.
Otro de los puntos interesantes del filme es el vínculo entre Beth y su hijo. Él tiene cerca de 20 años, trabaja en un grow shop (tiendas especializadas en venta de Cannabis) y no sabe muy bien qué hacer con su tiempo. En una de sus crisis tiene una charla con su madre en la que le reclama no haber sido honesta con él. Que siempre lo defendió y lo apoyó en todo lo que él emprendía. Que le dijo que hacía las cosas bien, incluso cuando no era lo suficientemente bueno y que eso repercutió en su forma de ser. En pérdida de autoestima, y en darse cuenta que lo que le había dicho su madre era mentira. Que era una mentirosa. Esto la descoloca a ella como madre, porque quiso hacer con su hijo lo contrario a lo que habían hecho sus padres con ella. Si de adolescente había sido abusada verbalmente iba a hacer lo opuesto con su hijo. Al parecer, eso tampoco resultó del todo bien. ¿Será que siempre los hijos tendremos para reclamarle a nuestros padres la palabra precisa? ¿Será que la relación entre padres e hijos es más que un vínculo y es una parte de nosotros mismos? ¿Cuánto es propio y cuánto del otro?

Ante las preguntas por el sentido de la existencia, la respuesta es el amor. El encuentro con el otro. Alain Badiou en una entrevista habla sobre la reinvención del amor: “El amor es un gesto muy fuerte porque significa que hay que aceptar que la existencia de otra persona se convierta en nuestra preocupación. Mi idea sobre la reinvención del amor quiere decir lo siguiente: puesto que el amor se refiere a esa parte de la humanidad que no está entregada a la competencia, al salvajismo; puesto que, en su intimidad más poderosa, el amor exige una suerte de confianza absoluta en el otro; puesto que vamos a aceptar que ese otro esté totalmente presente en nuestra propia vida, que nuestra vida esté ligada de manera interna a ese otro, pues bien, ya que todo esto es posible ello nos prueba que no es verdad que la competitividad, el odio, la violencia, la rivalidad y la separación sean la ley del mundo”. La ley del mundo puede ser otra, y el sentido de estar acá también.



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