The holdovers
- 21 mar 2024
- 3 Min. de lectura
Traducida como “Los que que se quedan” (2023), esta es la última película del director Alexander Payne. Realizador de diversos films es reconocido por su tono de comedia, inteligente y dramática.
The Holdovers sucede en 1970. Es Diciembre e inicia el receso escolar en la secundaria Barton (internado para varones de clase alta). Los estudiantes van a sus hogares, salvo un pequeño grupo a los que sus padres no los pueden buscar. Un profesor malhumorado, estricto y poco querido en la institución es quien se queda a cargo. Una cocinera en duelo quién los alimentará mientras están allí. Un cambio de último momento hará que se queden en la escuela solamente: Angus (Dominic Sessa) adolescente rebelde y desgarbado, el profesor Paul Hunham (Paul Giamatti) y la jefa de cocina Mary (Da'Vine Joy Randolph). Así, ellos, los que se quedan, van a pasar las vísperas de navidad y año nuevo hasta que vuelvan las clases.
Narrativamente esta película podría ser un ejemplo en una clase de guion. La estructura clásica de los tres actos es evidente, los puntos de giro de la historia están marcados perfectamente. Incluso está presente un viaje (literal) del cuál los protagonistas vuelven transformados. Entonces ¿qué es lo novedoso en su historia? ¿Por qué no es otra película de navidad más? Porque todos sus elementos funcionan para que tenga sabor a verdad. Porque nos hicieron lugar a cierta intimidad.
Estéticamente el film nos sugiere un guiño a ciertas películas de la década de los 70 como son: Taxi Driver, El padrino, La naranja Mecánica, Apocalypse Now. Lo podemos ver en su paleta de colores, composición de las imágenes, por su manera de mostrar el viaje que realizan sus protagonistas a la ciudad de Boston, la presentación de instituciones como los hospitales psiquiátricos y las escuelas. El espacio geográfico presentado como identidad de los personajes. Por un lado Barton rodeado de nieve parece funcionar como una isla en la que todo es conocido. Por fuera, los lugares de la ciudad se presentan novedosos y comienzan a aparecer como espacios de aprendizaje. Los límites se vuelven difusos a medida que los protagonistas lo habitan. Por ejemplo cuando en el museo, el estudiante escucha por primera vez al profesor explicar Historia Antigua con elementos concretos y en lenguaje coloquial. “Así sí es interesante lo que usted enseña”, le dice.
Irónicamente el personaje que más aprende en toda la película es el profesor. El arco de transformación más grande es el que vive él, que decide cambiar completamente su modo de ser. Salta. Se afloja el corset institucional en el que estuvo tantos años y elige otro camino. En uno de los diálogos que tiene con su estudiante, Paul le habla a Angus sobre el destino. Le dice, a contramano de su amor por los griegos, que la idea que tenían sobre el destino estaba equivocada. Eso de que por más pasos que uno dé siempre terminará en el lugar que tenía destinado, no es así. Con toda la capacidad de verdad que encuentra, el profesor le dice que es uno quien va forjando su destino. No se imagina que van a ser sus propias palabras, dichas a partir de las acciones del otro, las que le permitirán tomar valor y coraje con su propia vida. Al pensarse con un otro y en relación a otros es que se anima a actuar diferente y encontrar una nueva ruta.
A una semana de iniciar las clases, esta película nos permite pensar sobre la institución escolar. Ese ámbito formado por diversas capas en las que conviven las relaciones de poder con las personales, las emociones correspondientes a la adolescencia y la adultez. Deja en evidencia que para que haya aprendizaje el vínculo pedagógico debe incorporar la dimensión personal ¿En qué sentido? Entendiendo que el otro tiene una trayectoria de vida, que le pasan cosas, que ve el mundo de determinada manera y desde ahí aprende. Desde ahí enseña. Esa transformación que vemos en el film la podemos pensar también a partir de los textos de la época de la filósofa Hannah Arendt en los que escribe sobre nuevas maneras de pensar la autoridad y la noción de dominación para proyectar otro mundo posible. Como escribe María Greco a partir del pensamiento de Arendt: “... la autoridad implica el trabajo artesanal de un tejido de palabras, dichas y escuchadas, en silencio y en forma de voces, de un mundo común que nos incluye a todos por igual, y que otorga, política y subjetivamente, el espacio humano de la libertad”. Ahí va nuestro personaje por la nieve como metáfora perfecta de una hoja en blanco.




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