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Suncoast

  • 7 may 2024
  • 3 Min. de lectura

Ese punto en el que lo amable se vuelve insoportable. Ahí es donde no hay a quién echarle la culpa, ni reclamarle ni rogarle, ni siquiera a uno mismo. ¿Quién no ha estado en ese lugar? Ahí donde el cuerpo nos abandona, se congela por dentro del miedo pero sigue en pie, resistiendo la última ola. En esta historia, ese lugar se llama Suncoast.




“Hay paisajes que solo pueden transitarse, no hay nada habitable ahí. El único modo de estar es en movimiento, la voluntad deja de funcionar y uno se suelta a su verdadera proporción en el universo: una insignificancia, un cuerpo que atraviesa el desfiladero porque nada puede hacerse salvo avanzar o retroceder”. Así escribe Eugenia Almeida en su libro “Inundación”. Desfiladero podría ser una de las palabras que describe esta historia. Momentos en los que no hay más nada para hacer que pasarlos. Uno puede inventar alternativas para esquivarlo, puede aprender incluso, pero en el punto exacto que sucede no hay otra cosa. Supongo que la muerte de alguien a quien amamos y cuidamos por mucho tiempo es uno de ellos. No supongo, lo sé.

La otra palabra es Hermano. Hermano es una de esas palabras que podríamos catalogar como amplia. Si hubiera que asignar adjetivos, pensaría en: incondicional, generosa, sincera. "Sos mi hermano". "Él es un hermano para mí", "Tranquilo Hermano", son frases que muestran la importancia que tiene una persona para nosotros. Pero también están hermanos como Caín y Abel, Meme y Jeremías, protagonistas de Géminis (película de Albertina Carri), los hermanos Corleone, entre otros. Vínculo complejo que es la hermandad.

Suncoast es una película de hermanos. Pero también de vida y muerte. De debates morales y éticos. De adolescentes y banalidades. Es una película que tiene todo esto porque se acerca lo más posible a una verdad, la de su directora, que decide basar la película en su propia historia.

Dirigida por Laura Chinn (Florida girls), Suncoast cuenta la historia de Doris (Nico Parker), una adolescente que vive con su madre Kristine (Laura Linney) y su hermano Max (Creen Kawa) en una casa de clase media baja en Florida. Durante varios años, Doris ha cuidado de su hermano que cursa un cáncer cerebral que lo mantiene postrado todo el tiempo. La relación entre ella y su madre es tensa, la angustia y el cansancio de ambas hace que no puedan compartir la casa en tranquilidad. Kristine le reclama continuamente a Doris cuando ella quiere vivir su vida adolescente y Doris le reclama que actúe como una madre con ella como lo hace con su hermano.

Cuando Kristine decide llevar a Max a una clínica donde pasará sus últimos días, su actitud se vuelve más agresiva hacia su hija y las personas que la rodean. Opta por quedarse a dormir en la residencia con él. Mientras tanto, Doris, muy tímidamente, se va haciendo amiga de otras chicas de la escuela, ofreciendo su casa para fiestas y reuniones sociales.

Como subtrama, tenemos la relación entre Doris y Paul (Woody Harrelson), un activista en contra de la muerte digna. Se manifiesta con un grupo en la entrada de la clínica donde está el hermano de Doris. Ahí se conocen y van a tener diferentes charlas en la película en donde cada uno habla de lo que siente y sus posiciones en relación al tema. Durante el film, tratan de plantearse las diferentes posturas en torno a la pregunta ¿Está bien que decidamos cuándo debe terminar la vida de alguien si esa persona no puede decidir? ¿Si alguien quiere terminar con su vida por una enfermedad, se debe acompañar esa decisión?

Visualmente, “Suncoast” se presenta con una estética indie, como si todas las escenas tuvieran un filtro de Instagram de la golden hour, los colores pasteles, el leve efecto de bruma, como si los personajes estuvieran en una especie de sueño. Un paréntesis de la realidad.

Por momentos, la película se acartona, se dejan ver las marcas de escritura de una historia. Se evidencia el artificio de esta tragedia mezclada con escenas típicas de las películas norteamericanas sobre jóvenes en la escuela. Sin embargo, cuando eso sucede, es el vínculo entre madre e hija que retorna a lo sustancial, que nada tiene que ver con clichés: se están despidiendo de un ser amado.

Suncoast logra representar la tensión entre la importancia de quien vive y la importancia de quien muere. En una balanza, con igual peso están las ansias de vivir y generar recuerdos, como la de al fin abandonar un cuerpo que ya decidió irse. Apago la tele, en mi cabeza suena “El Tesoro” de “Él Mató a un Policía Motorizado” y se repite …”cuidarte siempre a vos en la derrota, hasta el final, el final”.


Publicado en Periódico Otro Punto @otropuntodigital 2024


 
 
 

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