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Ruido de fondo

  • 10 jul 2023
  • 3 Min. de lectura

“Ruido de fondo”, película dirigida por Noah Baumbach es una producción de Netflix del año 2022. Ganadora de múltiples premios y con críticas muy positivas aunque no tiene el ritmo ni el tratamiento que estemos acostumbrados a ver en esta plataforma.

El filme está basado en la novela homónima de Don DeLillo, un profesor universitario Jack Gladney (Adam Driver), su esposa (Greta Gerwing) y sus hijos ven alterada su vida cuando un camión que traslada químicos choca contra un tren. Una nube tóxica se despliega sobre la ciudad y deben evacuar sus hogares. Ese hecho les hace replantearse su propia existencia.

Tanto sus protagonistas como el director son muy reconocidos en cierto estilo de películas. El director llevó adelante Historias de un matrimonio, Francés Ha, Los Meyerowitz: la familia no se elige. También colaboró en los guiones de “Vida acuática” de Wes Anderson y de "Madagascar 3”. La protagonista también es directora, y seguramente la escucharemos mucho en estos días pues dirigió la nueva película de Barbie, entre otras.

“Ruido de fondo" es una película que implica una atención diferente a la que estamos acostumbrados al momento de relajarnos o disfrutar de un filme o serie. Muchas conversaciones que parecen no tener sentido, escenas que inician y luego se retoman indirectamente, personajes que parecieran no tener sentido en la historia. Una de las claves para disfrutarla es no pensar para qué está sucediendo eso en la película o que tiene que ver, sino enfocarse en los diálogos y las imágenes para ver que resuena en cada uno, sobre que me hace pensar en relación a mis cosmovisiones del mundo.

Baumbach muestra en la estética que elige para “Ruido de fondo" sus raíces neoyorquinas. Su crianza. Con unas claras referencias al teatro under, por ejemplo la discusión de pareja que tienen en la habitacion. Como así también a los musicales de Broadway desde las coreografías en la rutina matutina de la familia hasta una escena musical, propiamente dicha, en el supermercado.

La paleta de colores, el vestuario y peinado de los personajes nos sitúa en la década de los ochenta, pero la problemática podría ser de cualquier época: ¿cómo actuamos ante una catástrofe? y ¿cómo repercute en nuestra vida cotidiana? Imposible no linkearlo con lo que vivimos en la pandemia por COVID19. La burocracia que creíamos tan necesaria queda ridícula, la ponderación de las necesidades también, las miserias humanas ante un evento de esas características se subrayan. Luego, lo que sobreviene al golpe: la vida que llevábamos no puede ser la misma. Algo cambia. Así como la pandemia modificó las formas de trabajo, las relaciones personales, las convivencias, las parejas en la película sucede lo mismo. Estar cerca del fin del mundo que conocemos nos hace pensar si es el mundo que queremos.

Esta película aborda de manera absurda la única certeza que tenemos como seres humanos: la muerte. Si estamos en el mundo y hagamos lo que hagamos nos vamos a morir, esa conciencia sobre la finitud no puede sino dejar en ridículo todas las acciones cotidianas. Pero y entonces… ¿para que todo?

En una de las escenas finales la pareja conversa con una monja. Obsesionados con el miedo a la muerte le consultan por el cielo, por el más allá. La monja los mira incrédula: “¿Qué les hace pensar que es cierto ? Si ustedes no creen nosotras tenemos que creer. Alguien tiene que creer. Porque sino este mundo se va al tacho, no se sostendría.”

Siempre tendremos ese ruido de fondo, a veces ocurren sucesos que le bajan el volumen de todo lo demás y lo escuchamos más claramente. Como una señal para no olvidarnos de lo que realmente importa, y para lo que estamos este rato acá. Nada más y nada menos que para ser felices.


 
 
 

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