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Poor Things

  • 27 mar 2024
  • 3 Min. de lectura

Las conozco. Las he visto. Incluso con algunas hemos llegado a ser amigas. Son personas que tienen el sí fácil. Una liviandad que les permite aceptar las propuestas y sugerencias de quienes proponen. No son grandes aventuras, tal vez un trago, el menú de la cena o un lugar para vacacionar. Son personas que no imponen su mirada sino que en su avidez de mundo, de conocer, se abren a escuchar lo que otros tienen para mostrar. Desde ahí interactúan.


Bella Baxter es una de ellas. La protagonista de Poor Things (Pobres Criaturas, 2024) renace para comerse el mundo. En este drama dirigido por el griego Yorgos Lanthimos, un hombre de ciencia, Godwin Baxter (Willem Dafoe) revive a Bella Baxter (Emma Stone). En su deseo de conocer el mundo Bella se escapa con Duncan Wedderburn (Mark Ruffalo), un sofisticado y moderno abogado, en una aventura a través de los continentes. Libre de los prejuicios de su época, Bella se acerca cada vez más a la igualdad y la necesidad de  liberación.

En su viaje Bella se aventura con un hombre que en el inicio se muestra como un espíritu libre, que disfruta de los placeres de la vida sin ataduras. Continuamente le advierte que no vaya a enamorarse. Su relación se empieza a complicar cuando ella le da lugar a otros deseos por fuera de él, diferentes a los de él. De manera cómica vemos como este señor va convirtiéndose en un clásico patán. Sus gestos desesperados y violentos para retener a Bella junto a él, a sus órdenes y bajo su dominio. Mientras, ella, a través de la experiencia descubre nuevas sensaciones, descubre palabras para lo que siente. Conocer el lenguaje y sus matices aclara mucho de lo que la atraviesa. Observa que sus nuevas ideas producen reacciones en los demás. Incomodidad y enojo ante sus deseos. Su falta de conocimiento de los códigos sociales hace que se pregunte de manera racional (recordemos que se crió con un científico) sobre determinados eventos sociales. No hay tabúes para ella. Tampoco encuentra lógica entre lo que las personas hacen y dicen. ¿Por qué hacen algo que no desean? ¿Por qué dicen una cosa y hacen otra?  

A lo largo de la película el cuerpo de Bella es manipulado por diferentes personajes masculinos, a ninguno de ellos le guarda rencor. Se despega de sus presencias en los momentos necesarios. Motorizada por su deseo se deja guiar por el placer del descubrimiento. Asume el dolor que le generan ciertos sucesos, la tristeza, la indiferencia. Sabe que forma parte del camino de formación que ha elegido. Literalmente se va creando como canta Gabo Ferro: “Seré mi propia madre/ y así voy a aprender/ que irse es volver a volver.” Así hasta que retorna a su ciudad de origen.

Poor Things avanza sobre nuestro sistema de significación en cada escena. Los decorados, el vestuario, el ambiente general de la película están creados para volver extraño lo naturalizado. Como su protagonista, estamos viendo el mundo por primera vez. París tiene referencias a la ciudad pero sus colores y sus calles son nuevas también para nosotros como espectadores. Cuando Lathimos le pide al equipo de producción y arte lo que quiere hacer lo resume de la siguiente manera:  'Quiero hacer una película de estudio de los años 30, realizada con las tecnologías actuales y también con tecnologías y técnicas de la época, pero quiero que no se parezca a nada”. En el resultado se combinaron telones pintados, maquetas en miniatura, retoque de imágenes en postproducción, cámaras con calidad de imágen muy detallada y un trabajo de fotografía impecable. También podemos identificar referencias pictóricas por un lado al impresionismo de Monet, como así también a otros estilos tales como Egon Schiele, Hieronymus Bosch y Francis Bacon. Esto da como resultado la sensación de estar en una atmósfera etérea pero a la vez muy concreta.


Al terminar de ver Pobres Criaturas se nos plantean preguntas. Si tuvieras la oportunidad de empezar de cero ¿Qué harías? ¿Te aventurarías al mundo o te quedarías en un lugar? ¿Podemos inventar nuestro propio mundo y ya con eso alcanza? ¿O quizás es un instinto voraz lo que nos hace salir? ¿Quiénes seríamos si las instituciones tradicionales como la familia, la escuela y la iglesia no nos hubieran moldeado? 

También me recuerda una pregunta que aparece en un poema de Claudia Masin: “¿Quién entre nosotros es capaz de curarse de esa manera, haciendo que la fuerza brutal que causó el daño invierta su potencia y restituya, entero y saludable, lo perdido?”.

Se termina la película y nos queda una sensación de suave calma. Una felicidad tibia que surge al contemplar otras posibles resoluciones a los conflictos. La calidez de nuevos relatos que necesitan ser contados.


Publicado en la Edición 651 del Periódico Otro Punto @otropuntodigital


 
 
 

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