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Pedro Páramo

  • 4 feb 2025
  • 3 Min. de lectura
No pensé en cumplir mi promesa. Hasta ahora pronto que comencé a llenarme de sueños, a darle vuelo a las ilusiones. Y de este modo se me fue formando un mundo alrededor de la esperanza que era aquel señor llamado Pedro Páramo, el marido de mi madre. Por eso vine a Comala. 

Así está escrito en la primera página del libro Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Hoy convertido en película con la dirección de Rodrigo Prieto y el guion de Mateo Gil. La novela fue publicada en 1955, considerada como parte del realismo mágico y antecesora del Boom Latinoamericano marcó un hito dentro de la literatura mexicana. La historia cuenta el viaje de Juan Preciado al pueblo de Comala para encontrarse con su padre: Pedro Páramo. Apenas llega entiende que el lugar responde a otra lógica, otro tiempo. Sin los colores y las luces que esperaba encontrar, vivos y muertos narran las versiones con las que él va armando la figura de su padre ya muerto. Descripto como “un rencor vivo”, todos se han cruzado con su persona en algún momento de la vida. 



Desprendiéndose de una narrativa no lineal, Pedro Páramo se divide en dos grandes paralelas: la que cuenta el trayecto de Juan Preciado y la de los recuerdos que conforman la vida de Pedro Páramo, un estanciero cruel y carente de escrúpulos, cuyas acciones vienen motivadas –paradójicamente– por el amor que siente por Susana San Juan, una mujer a quien conoce desde que era un niño.

En la obra audiovisual Pedro Páramo es interpretado por Manuel García Rulfo. Uno de los aspectos que quería destacar el actor al componer el personaje era esa complejidad humana. Si bien sus actitudes son las que podría tener un villano, hay vetas de amor. No solo el de ese primer amor de adolescencia que lo marca para siempre, si no también el que conoce con su hijo Miguel. Es movido por el interés y la ambición propia pero también motoriza otros gestos. Un dato de color es que el actor que lo interpreta es pariente del escritor Juan Rulfo, y si de alguna manera la obra original revisa la historia de los antepasados del escritor, que su sobrino nieto sea quien encarna a don Páramo cierra el círculo familiar. Juan Rulfo nace en 1917, plena Revolución Mexicana ( 1910-1920) y vive la Primera Guerra Cristera (1926-1929). A su padre lo mataron por la espalda cuando él era un niño, asunto de terrenos y vacas. En una entrevista realizada en 1981 por Juan E. González, el escritor recuerda: “Yo tuve una infancia muy dura, muy difícil. Una familia que se desintegró muy fácilmente en un lugar que fue totalmente destruido. Desde mi padre y mi madre, inclusive todos los hermanos de mi padre fueron asesinados. Entonces viví en una zona de devastación. No sólo de devastación humana, sino de devastación geográfica. Nunca encontré, ni he encontrado hasta la fecha, la lógica de todo eso. No se puede atribuir a la revolución. Fue más bien una cosa atávica, una cosa de destino, una cosa ilógica”. Esa cosa ilógica se ve reflejada en la novela, ese tiempo dentro del tiempo en donde los muertos hablan a los muertos.



Muchos felicitan a Rodrigo Prieto por su debut como director, sin embargo él ya participó como director de fotografía en al menos cincuenta películas, entre ellas: “Amores Perros” (Alejandro González Iñárritu, 2000), “21 gramos” (Alejandro González Iñárritu, 2003),  “Secreto en la montaña” (Ang Lee, 2005), “Babel” (Alejandro González Iñárritu, 2006), “Biutiful” (Alejandro González Iñárritu, 2010), “El lobo de Wall Street” (Martin Scorsese, 2014), “El Irlandés” (Martin Scorsese, 2019), “Barbie” (Greta Gerwig, 2023), entre otras. La construcción de ese infierno sin caer en clichés, la paleta de colores que confunden las horas, la artesanía para pasar del pasado al presente son aspectos que contribuyen a generar el clima mágico de la película. Hay un halo de misterio y terror en ese de boca en boca que nos hace pensar en las propias vivencias, los relatos de nuestros antepasados, aunque estemos en otro lugar de Latinoamérica. El director comentó en una entrevista que fue una gran responsabilidad filmar este relato tan incorporado a la vida de los mexicanos, sin embargo, afirma “Son cosas que todo el mundo puede entender de alguna manera, aunque la estructura es compleja, los temas, las emociones por las que pasan los personajes, son universales”.

A quienes disfrutamos de la lectura, las adaptaciones siempre suelen ser una desilusión.  En esta oportunidad no hace falta responder si nos gustó más la película o el libro, porque la pieza audiovisual funciona muy bien. Hay una delicada búsqueda sobre la imagen para decir lo que está escrito sin repetir palabras. Utilizar el lenguaje propio del cine. Sumado al trabajo de guion que recupera frases y porciones del texto que nos hacen querer leerlo otra vez. A disfrutarla.


Columna publicada en @otropuntodigital




 
 
 

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