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Ni una más

  • 30 ago 2024
  • 4 Min. de lectura
El colectivo, las pinturas de uñas baratas, los chicles, los abrazos y la música. El kit completo de amistad en la secundaria. Horas eternas de charlas. Secretos mal guardados y consejos dados con todo el amor del que éramos capaces. Aprendemos a mandar mensajes de texto y usar una nueva red social. En ese mar intentábamos navegar y no perdernos. Tenemos algún faro y la incondicionalidad de las amigas-hermanas. ¿Cuáles son los relatos del universo adolescente hoy? Esa es una luz que siempre tengo encendida.

“Ni una más" es una serie española basada en la novela del escritor y guionista Miguel Sáez Carral. Es interesante destacar que tanto el guion como la dirección (Eduard Cortés, Marta Font, David Ulloa) están formados por equipos mixtos, con experiencias en dramas adolescentes y problemáticas de género. El marco en el que tiene lugar esta historia es en el año 2018, momento clave en el que la marcha por el 8M en España tuvo eco a nivel mundial. En diferentes países con consignas similares los movimientos de mujeres salían a las calles: #Niunamenos, #Niunamás #Metoo. En una escuela de gestión privada una estudiante, Alma (Nicole Wallace) cuelga un pasacalles en la puerta del instituto en donde está escrito: “Cuidado. Ahí dentro se esconde un violador”. A partir de allí, en un cuidadoso trabajo de montaje se va revelando lo que sucedió. El abuso sexual es la punta del ovillo que permite contar las situaciones que atraviesan los y las adolescentes en esa etapa. Cada una de las amigas de la protagonista refleja una situación particular. Los vínculos entre familia y amigos son retratados como una urdimbre compleja en dónde se construye la identidad. Lo interesante es que no deja por fuera los sentimientos de los padres y madres, como tampoco la falta de herramientas para actuar ante los desafíos que se presentan en la adolescencia.



Guadalupe Molina es una investigadora cordobesa que tiene un artículo muy interesante sobre Escuela y sexualidades adolescentes: aportes desde la perspectiva socioantropológica. Allí analiza la relación entre escuela secundaria, estudiantes adolescentes y sexualidades. Me interesa, en este sentido el paralelismo que podemos establecer entre aquella escuela de la ficción y nuestras escuelas secundarias en relación al modo en que  los estudiantes están en la escuela: “ Lxs estudiantes adolescentes transitan su escolaridad de manera activa y en el transcurrir de la vida cotidiana de la escuela construyen formas propias de vivir su sexualidad, llevan y traen sentidos sobre masculinidades y feminidades, disputan tiempos y espacios escolares, exploran proxémicas corporales con otros cercanos, ensayan afectos y experimentan erotismos variados. Suelen presentarse allí fuertes disputas interpersonales, entre grupos y con lxs adultos respecto a lo que está o no permitido, lo aceptado y las transgresiones, los intereses particulares y las regulaciones institucionales”. Molina establece tres ejes para pensar la problemática: La escuela como lugar de disputas de género,  La escuela como lugar donde develar secretos, La escuela como lugar de ensayos eróticos. Si bien la serie es española podemos identificar estás categorías y algunas cuestiones que subraya la ficción: la escuela como institución no está pudiendo contener a los y las jóvenes en estos nuevos tiempos en dónde la tecnología borra el límite entre lo público y lo privado. Por otro lado, la poca formación en materia de educación sexual que tienen las personas adultas de la escuela para tratar cuestiones de género y de acompañar los cambios en los vínculos entre adolescentes. Estos tópicos que surgen en las diferentes escenas de la serie nos linkean directamente con las discusiones que se están dando en nuestro país en materia de género y especialmente a la importancia de defender la Ley de Educación Sexual Integral.

Otra de las aristas que plantea la serie es sobre las estrategias de defensa que implementan las mujeres en su cotidianeidad: en el boliche, la escuela, la calle, la parada del colectivo. Me permito sumar preguntas pensadas por Noe Gall sobre la defensa de las mujeres “¿Cuáles son nuestras armas hoy? ¿Serán las movilizaciones, las redes colectivas? ¿La hipervisibilización en las redes y los medios de nuestros conflictos, de la violencia que vivimos a diario, en fin, de nuestra vida? ¿El “escrache” es un arma? ¿Qué tipo de “escrache”, el colectivo o el individual?”



Si bien la serie tiene muchos lugares comunes, en ningún momento se torna aburrida. Al contrario emociona, tensiona y plantea preguntas. Uno de los grandes desafíos al tratar este tipo de temáticas es la de lograr un material que logre permear en los espectadores y espectadoras ¿Cómo realizar un material con perspectiva de género que logre traspasar el target feminista? ¿Cómo interpelar a aquellos que creen que no es necesario el feminismo? ¿Cómo romper el prejuicio de que es una exageración de un grupo de locas de flequillo y pelos en las axilas?  En “Ni una más” eso pareciera lograrse, a través del uso de la intriga y la inclusión de diferentes voces que hacen de contrapunto se avanza sobre una idea clara: la necesidad de desnaturalizar lo naturalizado.


 
 
 

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