Monstruo
- 4 feb 2025
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El puñal. Un impacto en el medio del cuerpo que lo pone en pausa. El puñal puede tener muchas formas. No necesariamente es un daño. Mientras tratamos de reconocer lo que sucede intentamos seguir en movimiento. El cuerpo se tensiona entre impulsos, reflejos y acciones conscientes. Después del impacto ya nada es lo mismo, puede ser mejor. “Monstruo” (Kaibutsu, 2023), es una obra audiovisual que evidencia la herida. Madre, padre, hijos, amigos, profesores son protagonistas.
Esta película japonesa trata sobre muchos temas a la vez, que tienen su punto de confluencia en una escuela. Una madre observa a su hijo comportarse de manera extraña. Minato(Soya Kurokawa), su hijo, deja entrever que es el profesor de su clase, Hori (Eita), quién está maltratandolo. La madre exige explicaciones a la directora de la institución. Se investiga y se actúa protocolarmente. A medida que avanza el relato la verdad va saliendo a la luz. Se comienzan a incluir los puntos de vista de cada uno en la historia y de esta manera se arma el cuadro completo.

El director Hirokazu Koreeda (1962), es reconocido dentro de los festivales de cine y ha ganado diferentes premios. En 2018 ganó la Palma de Oro en el Festival Internacional de Cine de Cannes por su película “Un asunto de familia” y años anteriores otros premios con “De tal padre, tal hijo”. ¿De qué hablan sus películas? De la forma de tramitar la muerte de un ser querido, de la memoria, de la muerte. De la profunda humanidad. De los rituales que nos convierten en humanos. En “Monstruo” podemos ver que el guion está construido sobre reflexiones filosóficas que se les presentan a los personajes a partir de situaciones particulares pero no tan extrañas en el mundo que habitan: un incendio, un accidente, las tormentas, los errores.
Otro de los aspectos interesantes de esta pieza audiovisual es la manera en que está construido el relato. El mismo narrador omnipresente nos va mostrando la historia desde diferentes ángulos, que van haciendo cambiar nuestra perspectiva. Los personajes van quitándose sus capas, dejando ver la complejidad de las emociones y motivos de sus acciones.
Solo quién haya estado frente a un aula, a cargo de un grupo grande de estudiantes menores de edad puede dimensionar la responsabilidad que eso implica. No es solamente que no se corten con la tijera, ni filmen un momento inoportuno o enseñar modales. Es preservar su integridad física y mental durante horas. En “Monstruo” podemos acceder a una porción de esa realidad. El escenario escolar, es el punto en donde se tensionan las experiencias individuales y colectivas. Las vivencias que nos marcan hondo no son posibles de dejar afuera. Uno como docente puede no hablar de política (aunque educando se está haciendo política en el sentido original de la palabra), puede dejar afuera los asuntos económicos, las paritarias, los problemas cotidianos, pero cuando hay experiencias transformadoras como el nacimiento de un hijo, la muerte de un ser amado se produce un cambio en la sensibilidad para dar una clase. En el caso de los estudiantes se les suma el descubrimiento de su cuerpo, la construcción de su identidad (no digo que los adultos lo tengan resuelto definitivamente pero a cierta edad es más intenso), los vínculos entre compañeros y la intensidad propia de la edad. Familias, profesores/as y estudiantes conviven y crean ciudadanía en ese lugar que es la escuela. Cabe preguntarnos entonces ¿Cómo integrar las emociones, las realidades individuales dentro de la escuela para que repercuta en el afuera? ¿Cómo fomentar la integración y el buen trato para que se extienda hacia la sociedad? Uno de los problemas más vigentes en las escuelas es el bullying. Noticias muestran tragedias en niños y adolescentes. Las Familias no saben como contener o creen estar haciéndolo bien, pero sin embargo muchos jóvenes no encuentran la manera de expresarse. La sociedad toda es un enjambre de violencia en la que se dice una cosa pero en las acciones los adultos se burlan de otros adultos, no son solidarios, fomentan la exclusión de las diferencias.
En este contexto pareciera ser fundamental considerar la escuela como espacio de posibilidad, de lugar para lo sensible. Las escenas nos hacen pensar en esa escuela inclusiva. Pero no inclusiva sólo desde adentro de cada institución. Una escuela que no esté fragmentada en el sentido que pueda abogar a la construcción de un imaginario ciudadano compartido (Tiramonti 2004).
“Monstruo” es una película que indaga sobre la conducta humana. ¿El hombre lobo del hombre? ¿El hombre ese ser bueno por naturaleza y que la sociedad corrompe? Pienso en cómo vamos aprendiendo a entender al otro, a los otros. Cómo vamos aceptando nuestras propias dolencias y miserias. En el lugar de los adultos para acompañar a los más pequeños. Suena Drexler: “Se aprende de a poco y a veces se aprende recién al final/ Toda la gloria es nada/ Toda vida es sagrada/ Una estrellita de nada/ En la periferia/ De una galaxia menor/ Una, entre tantos millones/ Y un grano de polvo girando a su alrededor/ No dejaremos huella/ Sólo polvo de estrellas”.
Columna publicada en @otropuntodigital



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