Las tres hijas
- 4 feb 2025
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Las emociones que aparecen en los momentos previos a la despedida definitiva de un ser amado son difíciles de describir. Puedo intentar nombrar algunas: ansiedad por la partida, angustia ante la imposibilidad de frenar lo inevitable, falta de comprensión para entender que no se puede establecer cuál será el momento exacto. En el medio, el revisionismo individual y colectivo. Un intento desesperado por sentir que todo valió la pena, ese vínculo, apresurar las preguntas, encontrar respuestas que finalmente no sabíamos si queríamos. Decir adiós. Tal vez no como en las películas, o sí como en esta película, por ejemplo.
Dirigida por Azazel Jacobs, “Las tres hijas” (His three daughters, 2023) es una película dramática que trata sobre la despedida final de tres hijas a su padre agonizante. Katie (Carrie Coon) la hermana mayor y Christina (Elizabeth Olsen) se instalan en el departamento en el que vive su padre con su otra hermana Rachel (Natasha Lyonne) para poder estar en el momento en que se desencadene toda la situación y ayudar a cuidarlo. Su padre está casi todo el tiempo inconsciente, ellas se dividen tareas y no hablan prácticamente nada. Las tres tienen personalidades muy distintas. Su vínculo es más agresivo que amoroso pero se nota un sentimiento profundo que no pueden resolver. Durante dos horas vamos a ver como esos nudos se desarman y pueden sincerarse.
La película remite directamente al teatro. Por un lado, el título nos liga con “Las tres hermanas” de Anton Chejov, aunque sí en la obra del escritor ruso las hermanas han terminado el duelo por su padre y deciden continuar la vida, aquí sería la previa. Los instantes finales de la despedida del padre, y esa espera en una casa cerrada habilita el momento para decirse lo que se ha guardado por años. Estéticamente también emula una obra teatral, todo sucede en un departamento y algunos momentos en el jardín de abajo del edificio. Las hermanas caminan y charlan en el living. El encuadre pareciera estar ubicado en el centro del auditorio y desde allí las vemos entrar y salir. Frente a frente observamos y escuchamos lo que dicen desde el sillón o la mesa del comedor.

Las actuaciones de las tres protagonistas son impecables, el registro actoral que tiene cada una funciona como metáfora del mundo al que pertenecen en sus vidas cotidianas, muestran que solo un evento único podría juntar tan diferentes especímenes. Es que en la vida real el recorrido de cada una de las actrices es particular: una pertenece más al teatro otra a las series y Elizabeth Olsen a ese universo de las películas infantiles.
La muerte de mi madre ha llevado a preguntarme si la conocí de verdad. Claro, es mi mamá, teníamos una buena relación. Sin embargo ¿Cuánto de nuestros padres no conocemos? ¿Qué vida interesante tienen además de la cotidianidad? ¿En qué piensan ? ¿Cuál es su filosofía? ¿Les gustaría estar haciendo otra cosa? ¿Qué? ¿Cómo sufren los padres? ¿Habrá hecho lo que quiso?
En la película, las tres hermanas tienen versiones diferentes de su padre. Recuerdos que podrían referirse a personas distintas y sin embargo es la misma. Los momentos de la vida cambian, nos cambian y aunque uno pretenda ser el mismo padre para todos sus hijos no lo logra. Es una utopía.
Este filme deja espacio para la reflexión, para voltear la mirada hacia dentro. También para prestar atención a los detalles, a pequeños rayos de sol en la vida de uno. Siempre que hablamos de la muerte aparece la vida. como dice Claudia Masin: “Todo lo que se espera llega al fin, sólo que bajo formas inesperadas: quien hubiera dicho que la hora/ en que un arco de luz te circundó en el jardín soleado/ iba a ser el memento intenso y pleno que muchos años después// aún buscarías, sin que te dieras cuenta de que ya había sucedido/ un día cualquiera de tu infancia, dejando como única estela un brillo/ que fue diluyéndose en el aire/ tan rápidamente que al final de esa tarde no existía”.
Disponible en Netflix.
Columna publicada en @otropuntodigital 2024



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