La casa del Eco
- 4 feb 2025
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Una parcela de pinos. Es verano, mi familia y yo estamos en Alpa Corral. Vamos a los pinares, una parte del río custodiada por una montaña de pinos. Es un paisaje hermoso, imponente. No fue naturalmente creado, es producto del negocio imaginado por una generación. Plantar pinos, y luego vender parcelas para quienes quisieran invertir en madera. Los costos para sacar la madera terminaron siendo muy altos, muchos compradores dejaron de darle importancia a su parcela y ésta se convirtió en material combustible en época de incendios. Esa podría ser la primera metáfora de “La casa del eco” (2018).
La ópera prima de Hugo Curletto es una historia de sueños y tiempos alterados. Alejo (Gerardo Otero) es arquitecto y padece un particular trastorno del sueño que le posibilita soñar de manera continua. El día de su cumpleaños número 36 su padre le regala una parcela de pinos en algún lugar. En compañía de Ana (Guadalupe Docampo), su pareja , emprenden un viaje al corazón de la montaña, para encontrarla. Ahí se vinculan con un baqueano un poco oscuro (Pablo Tolosa). A partir de un gesto, los límites entre sueño y realidad se vuelven difusos. En la parcela, él imagina una casa que produce eco desde cualquier parte. Gana un premio. Sin embargo, pasa algo entre su mujer, él y su pequeña hija Elena (Gina Cavagna). Esta es una manera breve de ordenar todo lo que sucede en la película.

Hugo Curletto es oriundo de Río Cuarto. Estudió Cine en la Universidad Nacional de Córdoba, en donde actualmente es docente. La marca de origen se deja ver: en la manera de mostrar el pueblo que visitan para buscar los pinos, en la ruta, en las anécdotas de veraneo con la familia, los paisajes, el río, la decoración de las casas en las que no hay nada estilo nórdico sino vírgenes y caños a la vista. También vemos el nexo con Córdoba, los edificios, las construcciones, las distancias, el cemento. Ese contrapunto naturaleza-ciudad, es otra metáfora del binomio vigilia-realidad.
El relato está plagado de detalles desde lo sonoro y lo visual. Hay información permanentemente. Como espectadores es un desafío porque nos va convidando minuto a minuto las pistas para descubrir lo que sucede con este personaje. Nada está al azar: su nombre, cada diálogo, los sonidos que te guían hacia la misma locura del personaje, el deporte que realiza Elena, el trabajo de Ana, las ventanas, los colores. Quién no esté dispuesto a mirar activamente es probable que se aburra o que no entienda lo que sucede. Más que entender es poder hacer una interpretación, porque hay tantos significados que abren la posibilidad a varias versiones de la historia. Esto es lo que me resonó a mí.
La primera imagen del film muestra a Alejo haciéndose una resonancia magnética, el tipo de plano y encuadre me remiten directamente a “2001. Odisea en el espacio” (1968, Stanley Kubrik). Un hombre en una nave, en busca de lo desconocido. Del futuro inmediato. Un viaje. Su nave es un Peugeot 205 Gti de la década del 90 que no se corresponde con el tipo de arquitecto que es (dirige grandes obras, es premiado), ni con el poder adquisitivo que parece tener. Este auto es el nexo entre el pasado y el futuro, entre los tiempos que habita Alejo. Otra metáfora. En la poesía de Curletto hay espacios en blanco, pausas en dónde podemos frenar y entender aquello que se mueve dentro nuestro. Los puentes que se tienden entre el deseo individual del protagonista, el de su pareja, el de su hija. ¿Cómo se construye el amor? ¿Cómo armar una vida de a dos, de a tres?

El trabajo sobre el tiempo es una constante en “La casa del Eco” ¿Qué importancia tienen los gestos? ¿Existe el efecto mariposa? ¿Hay un destino escrito para cada uno? ¿Existe el multiverso? ¿Qué estarán haciendo nuestras otras versiones en las decisiones que descartamos? ¿Los dioses juegan con nosotros? En “Las ruinas circulares” Borges nos trae a un viajero que sueña a otros y al final descubre: “Caminó contra los jirones de fuego. Estos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación , con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñando”. Pensarnos en este mundo y en relación a otros es existir. Soñado o soñando.
“La casa del eco” está disponible en Cine.ar
Columna publicada en @otropuntodigital



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