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Fitzcarraldo

  • 4 feb 2025
  • 4 Min. de lectura
En la actualidad la realización de productos audiovisuales es inconmensurable. Tenemos fácil acceso a plataformas que nos ofrecen permanentemente nuevos títulos de todos los géneros, pero ¿cómo seleccionar? También hay miles de propuestas para eso, muchos perfiles que recomiendan series y películas. En toda esa maroma me parece que es imprescindible volver a los clásicos. Esas películas que se filmaron en un momento en que la tecnología y el ritmo de montaje era otro, en dónde la construcción de la narrativa apuntaba a volver extraño ese mundo filmado. ¿Qué historias se iban a contar? ¿Qué elegían decir aquellos cineastas sobre el amor, la pasión, la vida, la muerte? ¿Por qué hacían sus películas? 
Desde “Ocupaciones Maravillosas, /Cine y Series/” elegimos traerles la recomendación de un clásico. El primero: Fitzcarraldo (1982)

Werner Herzog es el director de esta película que es una odisea condensada en dos horas y media. Brian Sweeney Fitzgerald (Klaus Kinski) es un extranjero en Iquitos, Perú. Ha perdido prestigio como hombre de negocios, primero con un fallido intento de ferrocarril y luego con una trunca fábrica de hielo. Amante de la música, su sueño es realizar una Ópera en el medio de la selva y que cante su tenor favorito: Enrico Caruso. Con necesidad de dinero decide incorporarse al negocio del caucho. En diálogo con los magnates de la industria le revelan que solo queda una porción de selva para explotar pero que es imposible exportar el material desde allí. Tampoco es fácil de acceder. Él tiene una idea, decide inventar una nueva ruta y se emprende en una tarea titánica: arrastrar un gran barco de 300 toneladas sobre la montaña para acceder a los árboles de caucho con la ayuda de un grupo de indígenas locales. En sus delirios, Fitz, va a tener la compañía incondicional de su amada Molly (Claudia Cardinale).



La historia está inspirada en una persona real, Carlos Fermín Fitzcarrald. Este señor se instala en la selva peruana a fines de 1800, años más tarde se vuelve millonario cuando explota una nueva ruta para la comercialización de caucho al descubrir un istmo que une dos ríos. Para lograr su cometido se explotaron y sometieron a miles de integrantes de las tribus del Amazonas. Muchos murieron y la industria de ese tiempo siguió replicando estos métodos. Herzog, recupera este personaje y crea su “Fitzcarraldo”.

Este director alemán puede denominarse como uno de los fundadores del Nuevo Cine Alemán. Se hizo conocido en la industria por tener un estilo oscuro y provocativo. Su obra se caracteriza por explotar temas existenciales y psicológicos a través de las películas. Le interesa aprehender ese mundo que se le presenta y hace lugar para que ocurra. Abre espacio a las voces de otros, de otras culturas, de profesionales no solo para que le ayuden con sus preguntas sino para que expliciten sus ideas. Visualmente abre su cámara como quién abre la mirada. Múltiples planos y ángulos y perspectivas reconstruyen la inmensidad. Para lograrlo, Fitzcarraldo arriesga todo y es por eso que muchos dicen que este filme fue uno de los rodajes más terribles de la historia del cine.



¿Por qué se dice que fue uno de los rodajes más caóticos y tremendos? Primero porque se internaron en la selva durante tres años para filmar. En un principio, el actor protagónico iba a ser uno, pero cuando tenían el 40% del film realizado se enferma de disentería y renuncia. Deciden volver a rodar todo desde cero. Se barajan otros protagonistas como Jack Nicholson pero finalmente el que acepta esta locura de rodaje es Klaus Kinski. Definitivamente la película hubiese sido muy diferente sin su papel, ya que su gestualidad, su fotogenia ante la cámara y la interpretación vuelven a Fitz un hombre errante con un deseo vivo. Sin embargo, su incorporación tensionó más los días de un rodaje que venía caótico, a tal punto que los iquitas le propusieron a Herzog sacrificarlo. Si, él lo pensó pero quería terminar su película. Rechazó el financiamiento de empresas de Hollywood porque no iba a aceptar efectos especiales ni maquetas para filmar el cruce del barco por la montaña. Quería que fuese real, y así lo fue. En el medio, se cae un contrato con Mick Jagger que iba a aparecer en la historia, les queman el campamento ubicado en el medio de la selva para filmar, dos avionetas que llevaban insumos para la filmación se cayeron en el camino y hubo muchas denuncias de explotación a indígenas.

“Lucha por tus sueños”, “Si puedes soñarlo, puedes hacerlo”, “Imaginalo hasta lograrlo”, todas frases hechas de la movida couch pierden su inocencia en una travesía como ésta. El protagonista y el director arbitran los medios para cumplir con su deseo, dejando de lado las cuestiones éticas. El resultado es un filme que perdura a través de los años y para quien lo ve por primera vez es de un impacto maravilloso. Nos pone de frente con cierta ignorancia de la que somos dueños. Como dice Caparrós: “ Quizás-sospecho- irse a la selva o a cualquier lugar notoriamente desconocido, ajeno- viajar, en síntesis- sirva para no pensar que tampoco entendemos lo propio, lo cercano”. 


Columna publicada en @otropuntodigital

 
 
 

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