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El Padre

  • 16 nov 2023
  • 3 Min. de lectura


El padre es una película británica  dirigida por Florian Zeller, tuvo su estreno en el 2020 y ahora está disponible en Netflix. Está basada en la obra de teatro homónima  del director, siendo este largometraje su ópera prima.

Este drama aborda el conflicto entre Anthony (Anthony Hopkins) y su hija ( Olivia Collman) cuando éste rechaza a las cuidadoras que contrata su hija para que estén con él ya que cada día pierde un poco más su nexo con la realidad. Ante esta situación la hija decide llevarlo a vivir a su casa, sin embargo esto trae conflictos con su matrimonio, en su vida cotidiana y en la relación entre ella y su padre.

Desde la primera escena, en una tensión vincular perfecta, el padre y su hija discuten. La dificultad de ese momento de transición bascula la culpa entre uno y otro. Pero también, como un reflejo, vemos quien está siendo el responsable de quién. Los hijos crecen y los padres también. Muchas veces los primeros deben hacerse responsables de ellos. ¿Cómo asumir esa responsabilidad? ¿Como quien cuidaría a un niño? ¿A un hijo? ¿A un adulto que necesita de otro? ¿Cómo responder ante  la necesidad de cuidado de la figura paterna/materna? ¿En qué lugar quedan las discusiones, rencores, diferencias, alegrías? ¿Qué lugar y qué peso tiene esa historia de vida juntos al momento de dar cuerpo y tiempo de cuidado? 

La mente es un laberinto. Damos por hecho que podemos recorrerlo sin perdernos. Elegimos en donde quedarnos a descansar, a llorar, a reír. A veces no podemos elegir, y se nos vienen tormentas inesperadas, y no sabemos qué hacer. Como cuando te agarra piedra en la ruta. Con los años el laberinto tiene que adaptarse, podarse, mejorar algo de su infraestructura, hay lugares por los que ya no se puede pasar y muchas veces se convierte en un espiral sin salida. Esas enfermedades mentales degenerativas son muy difíciles de transitar por las familias, y sobre todo para quien lo vive en carne propia.

Somos una sociedad que no tiene en cuenta a las personas mayores. Los viejos pareciera que no tienen deseos, ni proyectos, ni ganas de vestirse bonito, ni diversión. Son un mercado al que apuntan las casas de servicios sociales o las residencias o en el mejor de los casos la pasta para pegar dientes. De más está decir que esto no es así, sobra evidencia en la calle y las redes, pero falta empatizar con esa etapa de la vida. En esta película la confusión mental y el deterioro son mostrados desde la narrativa audiovisual. Los hechos se presentan a la vez para el personaje principal y para nosotros como espectadores. De a gotas vamos teniendo más información, pero la sensación de no entender la historia la compartimos con ese hombre. Cambian las actrices, los escenarios. 

Anthony Hopkins despliega todo su talento en el personaje que interpreta, la potencia de sus miradas, el modo en que cambia el timbre de su voz, el paso de un estado emocional a otro logran generar climas cada vez de mayor intensidad. Olivia Collman responde con una diversidad de matices muy rica a esa conversación con su coprotagonista y juntos logran, sin exagerar, transmitir todos las aristas de ese vínculo entre padre e hija.

Recuerdo a mi padre cómo llegó a casa el día que tuvo que dejar internada a su madre en una institución de salud mental. Se sentó en su lugar de la mesa, en la cocina. Tenía los ojos llorosos y a simple vista se le veía la decisión atravesada en la garganta. -Dijeron que era lo mejor, pero tengo la mirada de ella acá- y se señaló la frente. Al poco tiempo mi abuela murió.

Dice Claudia Masin: “La tempestad ocurre una vez/ y para siempre. Lo que queda en pie/ conserva la huella del daño que lo ha herido,/ una fragilidad que el olvido no alcanza/ a reparar”.  Quizás, lo único que dé calma sea honrar, como sea que nos salga, a quién nos invitó a jugar a este mundo.


 
 
 

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