El Oso
- 4 feb 2025
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Una vez trabajé en un bar. Bachera. Fue la sorpresa de mis amigos y familiares porque nunca me gustó lavar los platos. Siempre tuve rechazo por esa tarea. Pero la cuestión es que una amiga me dijo que en el bar en donde trabajaba necesitaban gente, y ahí fui. Era más que un bar, tenían una carta de comidas bastante completa y a la una de la mañana se convertía en una peña infinita. En ese momento yo estudiaba cine y teatro, para mí todo era material de creación, por eso fue una maravilla cuando descubrí que estaba cerca de la cocina. Los niveles de tensión, las conversaciones interrumpidas por las comandas, el trato y destrato entre compañeros, la música constante y la delicadeza para preparar los platos me sorprendían. Cuando vi “The Bear", pensé: “todas las cocinas son iguales: en Córdoba o en Chicago”.
Traducida como “El Oso” (The Bear, 2022), esta es una serie que lleva 3 temporadas y seguro habrá una cuarta ya que la tercera finaliza con la leyenda de “continuará…”. Es una comedia dramática, que se vuelve comedia con el pasar de los episodios porque al principio es puro drama. Carmy Berzatto (Jeremy Allen White) el menor de tres hermanos, se tiene que hacer cargo del restaurante familiar situado en Chicago. Durante su juventud sus hermanos lo mantuvieron alejado y él para llevarles la contra decidió estudiar para chef, convirtiéndose en uno de los mejores del mundo. Era su manera de decirles, -miren todo lo que puedo llegar a ser y ustedes no me dejan trabajar allí. Los estilos de comida son opuestos, en el pequeño bar familiar se sirven sándwiches y comidas rápidas mientras que Carmy cocina platos súper gourmet. Todo cambia cuando el hermano le pide que vuelva de Nueva York para llevar adelante el negocio.

Podemos estructurar cada una de las temporadas sobre un eje: la primera es enfrentar un negocio en quiebra, la segunda la construcción del amor y del nuevo proyecto y en la tercera la comida en sí. Aunque el hilo conductor de toda la trama es la historia familiar de los Berzatto. Una madre muy inestable emocionalmente, con problemas de alcoholismo, que no sabe comunicarse con sus hijos de otra manera que no sea con violencia o reclamos. Un padre que no aparece. Dos hermanos y una hermana tratando de sostenerse mentalmente. A la vez, una casa siempre llena de gente: primos, vecinos, amigos todos considerados familia por igual. Como contrapunto, está la otra protagonista de la serie: Sidney Adamo (Ayo Edebiri), quien se presenta para trabajar como Sous Chef. Acepta malas condiciones laborales sólo porque quiere trabajar con uno de los mejores chefs del mundo. Su familia es súper pequeña, sólo tiene a su padre ya que su mamá murió cuando ella tenía cuatro años. Desde esas dos cosmovisiones van a intentar que funcione la cocina.
Metafóricamente, la cocina es ese lugar íntimo de la casa en dónde todo lo importante sucede. Con otros y con uno mismo. La elección de esa locación permite una diversidad de planos, colores y texturas que es muy hermoso de ver. La atmósfera visual de la serie es muy del estilo de los filmes de los años 70 en Estados Unidos, sólo por nombrar algunos: “Annie Hall”, “El padrino”, “Taxi Driver”, “La noche americana”, entre otras. Por otro lado, el diseño sonoro lleva la tensión de las situaciones al máximo, el ruido de ollas y sartenes en la cocina, los gritos, los trenes, el tráfico, todo suma. La música recopila canciones potentes, desde la banda de rock alternativo oriunda de Chicago “Wilco" al hardcore sueco de “Refused". Pasando por el grunge de “Smashing Pumpkins", y otros sonidos indie de la década de los 90.
Un aspecto más para destacar de la serie, es el elenco. De hecho recibieron muchos premios. Es una muy buena combinación de actores clásicos con otros menos vistos. Jamie Lee Courtis recibió un Emmy como Mejor Actriz Invitada por la interpretación de la madre. Es en un capítulo en particular en donde podemos ver todos sus matices de actriz. Me recordó a la brillante Gena Rowlands en “Una mujer bajo la influencia” (1974).
“The Bear” es una serie para disfrutar de cada uno de los aspectos que hacen a una obra audiovisual. Puede ser apabullante el grito constante de sus personajes, pero en la tercera temporada se suaviza. Me quedo pensando en la importancia de las palabras que decimos y que nos dicen. Como van dejando huella en alguna parte nuestra y terminamos por considerarlas verdaderas, aunque sean las de esa tía lejana que no estimamos ni un poco. Ese es un gran tema en la serie: la salud mental. También en cómo se van tejiendo esas redes de apoyo y la importancia que tienen en nuestra vida. Me deja pensando en una frase que va perfecto con las vibes de esta serie, es de un libro de Juan Forn en dónde cita a Jaime Gil de Biedma: “en la juventud lo que más interesa a uno de uno mismo es lo que cree tener de único y con el tiempo descubre que lo más interesante es lo que tiene de común con los demás”.
Columna publicada en @otropuntodigital



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