El niño y la garza
- 27 feb 2025
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Un año nuevo más. Empezar a escribir deseos y proyectos en una hoja en blanco. Culturalmente el cambio de año nos invita a renovarnos, a reflexionar sobre lo que queremos (o no) para nuestra vida. Empezar una dieta nueva, cambiar de trabajo, dejar algún vicio o planificar un viaje. No importa que en realidad lo podamos iniciar en cualquier momento de la vida, el año nuevo es el empujón que se necesita para animarse. Si pensamos en mundos creativos, en alternativas que sigan más nuestros deseos, hay una película que puede ser ejemplo y cristal que amplifica la mirada “El niño y la garza" de Hayao Miyazaki.

Esta película de animación fue galardonada con un premio Oscar en 2024. Mahito, un chico de 12 años, regresa a su pueblo natal después de tres años desde la muerte de su madre en el Hospital en Japón, bombardeado en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Su padre va a tener un hijo con una nueva mujer, la hermana de la madre Mahito. Allí todo se presenta extraño y desconocido. Una garza empieza a seguirlo, a hablarle. Cuando su madrastra desaparece en el bosque, él decide ir a buscarla. Allí se encuentra con la garza quién le informa que su madre está viva. Un misterioso hombre que habita la torre abandonada le ordena al ave que lo acompañe a buscarlas al otro mundo. En un espacio en donde conviven vivos y muertos, junto a seres misteriosos, Mahito va a tener que sobrevivir y tomar decisiones.
La película comenzó a producirse en 2016, llevo siete años su realización. Con 83 años Miyazaki dirigió la pieza audiovisual, que se podría considerar una de las más personales del director. En palabras del ejecutivo de Ghibli, Toshio Suzuki, Miyazaki representa al niño, él a la garza e Isao Takahata, el ya fallecido director y cofundador del estudio, al tío abuelo del protagonista. Takahata representaría al tío abuelo por haber descubierto el talento de Miyazaki y que éste sería la garza porque ambos tienen una relación “en la que no se dan por vencidos, ni se tiran ni se empujan”. En medio de la producción su amigo y socio muere, por eso se demoró mucho más de lo previsto. Era muy difícil poder dibujar a su amigo, al menos lo que él representaba.

En esta última película vemos varios guiños a las producciones anteriores, la guerra, los armamentos bélicos, los wara wara (que son muy parecidos a los peces bebés de “Ponyo”, película del director), la abundancia de comida como un despropósito, la producción en serie, niños ayudándose entre sí para sobrevivir. También coincide la belleza de los paisajes y la creación de universos sorprendentes. El uso que se hace del lenguaje del dibujo es impresionante, ya que se explota al máximo su posibilidad de construir sentido. No es la palabra lo que habita todo, son las imágenes, sus colores, las perspectivas, la superposición de elementos que construyen algo completamente nuevo para la mirada acostumbrada del espectador. Quienes sean habitués de este tipo de películas quizás renueven su asombro, para quienes no solemos consumirlas es un estímulo sensorial permanente sin uso de efectos especiales. La banda sonora es parte esencial de la narrativa, logra climas que van desde la tristeza hasta la esperanza pero también evoluciona junto a los personajes. El compositor a cargo fue Joe Hisaishi, en una entrevista que le realizan en el marco de los Oscars él cuenta sobre las decisiones que tomó a la hora de componer, que se suma al nivel de detalle de la película, por ejemplo: Miyazaki originalmente no quería música para la introducción de la Garza, pero Hisaishi sintió que la escena era antinatural sin ella. Intentó simplificar una composición que hizo hasta que llegó a una sola nota para resaltar la introducción de la Garza. Cada reaparición posterior de la Garza agregaría más notas hasta que finalmente se convirtiera en una melodía completa.

En la primera escena del otro mundo vemos una fila de barcos en el mar, “No te dejes engañar, todos están muertos”, dice un personaje. Se me vino a la cabeza la canción de Fito Paez, que dice “Entonces navegar se hace preciso/ En barcos que se estrellen en la nada/ Vivir atormentado de sentido/ Creo que esta sí, esta sí es la parte más pesada”, la película y la canción están tejidas de alguna manera con los tiempos actuales. Compre, Compre, Compre, Playstation, Like, Like, Like, Compre, Compre. Se repite una voz metálica que vuelve todo material, comprable, con exceso de sentido. Pues todo, todo el tiempo en el mismo lugar. La obra audiovisual de Miyazaki nos ofrece la posibilidad de preguntarnos por nuestra existencia, la vida, la muerte, las vidas paralelas, otros mundos.
Publicado en Enero 2025 en el semanario otropunto.ar



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