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El negocio del dolor

  • 30 ago 2024
  • 4 Min. de lectura
Supongamos que quisiste un hijo. Ahora imaginemos que tiene una enfermedad y que la forma en que se soluciona es sólo cuestión de dinero. Estás sólo, tu red de contención está igual o peor que vos económicamente. ¿Qué no harías para resolverlo? La pregunta es hasta malvada ¿Qué no harías por un hijo?

Esta posición es la base del conflicto en “El negocio del dolor” (“The Pain Hustlers” 2023), una madre soltera Liza Drake, interpretada por Emily Blunt, no tiene trabajo fijo y vive en el garaje de su hermana. Su hija está enferma, el médico le pide estabilidad en el hogar y una futura operación. Con la necesidad de gestionar dinero y una casa para ambas, decide aceptar una propuesta de trabajo en una farmaceútica. Comienza fingiendo su formación como médica, y luego, a medida que crece su posición en la empresa y su poder adquisitivo, sigue tomando decisiones que no son éticas. La empresa comercializa Fentanilo, una droga que se utiliza como analgésico y anestesia para el dolor en pacientes con cáncer grado 4. Es aproximadamente 100 veces más potente que la morfina y 50 veces más potente que la heroína como analgésico. En pacientes resistentes a los opioides y en dosis adecuadas no genera adicción. Pero, ¿Qué sucede cuando se lo empieza a recetar para otro tipo de dolores? ¿Cuál es el límite ético y legal cuándo una empresa en quiebra se comienza a llenar de dinero a costa de la salud de otros? ¿Cómo es que la industria de la salud genera tanto dinero?



La película está basada en un hecho real sobre la historia del laboratorio farmacéutico Insys y su fundador John Kapoor. Primero salió publicado en un artículo en el New York Times, firmado por Evan Hughes llamado “The Pain Hustlers”. El mismo luego fue expandido en el libro que originariamente se llamó “The Hard Sell". Ambas obras detallan una empresa farmacéutica emergente llamada Insys que comercializaba un aerosol de fentanilo para el tratamiento del dolor. El reportaje de Hughes también incluía el modo en que Insys vendía el fármaco, incluida la práctica de contratar a atractivos representantes de ventas y sobornar a médicos. 

En el caso de la película incluye la figura de la madre, Liza Drake. Esta incorporación del director logra ficcionalizar el conflicto, buscando una protagonista con la cuál puedan empatizar los espectadores. Ella está caracterizada como una mujer aguerrida, ambiciosa, linda y muy simpática. De esta manera se corre del género dramático y dota al relato de cierto aire de comedia negra.

El filme recupera el formato de otras historias como “Dallas Buyers Club”(2013), traducida como “El Club de los perdedores”  en donde Mathew McConaughey interpreta a un vaquero al que le diagnosticaron HIV. Comienza a darse cuenta de que las drogas que administran en el hospital no funcionan del todo, él “descubre” otras que sí y comienza a venderlas. También vemos algunos rasgos de Erin Brockovich en Liza Drake, una diosa que se pone en contra de las corporaciones. Sin embargo no logra ser brillante como éstas, aunque sí entretenida y disparadora para pensar sobre algunas cuestiones en relación a la salud y al modo en que vivimos.  



La vida cotidiana es cada vez más estresante. Miedos, enojos, frustraciones. El contexto económico acentúa esas problemáticas y los factores climáticos así como la contaminación también. Las respuestas del cuerpo ante eso es la explosión: cáncer, infartos, desequilibrios mentales. Aparece la necesidad de callar la mente. Algunos lo hacen con litros de alcohol hasta que se olvidan de lo insufrible, otros compran pastillas recetadas. En Argentina durante los primeros seis meses del 2022 se dispensaron aproximadamente 25,8 millones de unidades de los distintos grupos de psicofármacos (antiepilépticos, antidepresivos, tranquilizantes, antipsicóticos, hipnóticos y sedantes). Los psicofármacos presentes entre los 100 productos más dispensados del mercado fueron: clonazepam en distintas dosis y presentaciones de cuatro laboratorios diferentes (Baliarda, InvestiFarma, Bago y Gador). También alprazolam en diferentes dosis y presentaciones de dos laboratorios (Gador y Bago), zolpidem (inductor del sueño) del laboratorio Gador, sertralina (antidepresivo) del laboratorio Raffo y Lorazepam del laboratorio Pfizer. También hay un montón de drogas que se consumen sin estar registradas en ningún lugar, últimamente se han visto noticias sobre el crecimiento del uso de Fentanilo en Argentina. Lo que cabe preguntarnos es, ¿con qué sentido se recetan todos estos medicamentos? ¿Siempre es necesario? ¿Cuál es la responsabilidad ética que tienen los médicos, los visitadores médicos en esto? ¿Por qué algunos médicos, con igual prestigio y profesionalidad, se vuelven millonarios y otros siguen endeudados para la casa propia? “Dolor es dolor” dicen en la película, hay que evitarlo a toda costa sin importar el motivo, pero, ¿esto es así? Medicinas alternativas proponen otra mirada sobre la salud. No tapar el síntoma, sino buscar el origen y resolverlo. Acompañar de manera holística con alimentación y otros cuidados. Recuperar la medicina ancestral. En síntesis, tener la información para elegir en cada caso, qué medicina será la mejor para nuestra vida.

Supongamos que quisiste un hijo. ¿Qué mundo le vas a dejar para que no tenga que tomar pastillas para dormir?

 
 
 

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