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Culpa cero

  • 4 feb 2025
  • 3 Min. de lectura
¿Casualidad o causalidad? ¿Efecto mariposa? ¿Cómo explicar la sucesión de hechos? Como seres humanos buscamos explicar lo que nos ocurre ¿Cuántas veces no pudimos dormir tratando de descifrar los motivos de eso que había pasado? Revisamos paso por paso para entender, hicimos hipótesis y cuando no hubo respuesta racional encontramos la explicación en lo místico. Cuántas veces nos habremos quedado con una razón cerrada y lo real iba por otro lado ¿Cómo saber?

Culpa cero (2024) es una película argentina, dirigida por Valeria Bertuccelli. Esta es su segunda película después de “La reina del miedo” (2018).  Cuenta la historia de Berta Muller (Valeria Bertuccelli), una escritora de libros de autoayuda que son best sellers. De un día para el otro es acusada de plagio y a partir de allí debe encontrar nuevas maneras de reinventarse. En el camino la acompaña su abogada, interpretada por Cecilia Roth y su asistente Marta, encarnada por la cordobesa Justina Bustos. 



Es interesante el proceso de creación del guión ya que está escrito por tres mujeres, dos de ellas actrices: Malena Pichot, Valeria Bertuccelli y Mora Elizalde. Muchas de las escenas surgen a partir de la improvisación y eso dio lugar a diferentes giros de la historia. También los diálogos entre Pichot y Bertuccelli decidiendo el personaje sobre el que querían construir el relato. Ahí aparece esta escritora poderosa, independiente y de dudosa moral. Berta Muller no es la heroína de la historia. Es una mujer con un montón de defectos, tratando de vivir lo mejor posible haciéndole caso a su deseo. Si para eso tiene que mentir, insultar o fingir, lo hace. Tiene una debilidad y esa es su hija. Coherente con su título Culpa cero no da una moraleja, no define lo que está bien o mal pero si trae una certeza en medio de la vorágine cotidiana y la individualidad: la intensidad del amor materno. Esa es una claridad que no se negocia en la película, aunque se vea reflejada en una sola escena. 

La música de esta obra audiovisual también es interesante desde el punto de vista creativo. El compositor es Gabriel Fernández Capello (Vicentico), pareja de Bertuccelli. Esa cercanía le permite ir leyendo mientras ella va escribiendo. Así lo explica Valeria: “Gabi va pensando cosas mucho antes de que yo tenga el guión terminado. Nos daba mucha risa que lo que ellas bailan a la noche sacadas, al día siguiente se les vuelve pesadilla con el sol. Esas son cosas que las pensamos juntos: hay una escena de masajes y yo le dije que hiciera algo porno francés. También cantó Feli Colina, que la admiro mucho, y también hay colaboraciones de Florián Fernández Copello. Hay canciones que de alguna manera se hicieron la voz de la conciencia de Berta. Si esa persona se cae muerta, ¿qué encontrarían de ella? hay un tema que ilustra eso y me encanta que sea otra información, de otro nivel, que está en la peli.” Esta construcción es fundamental porque termina de dar sentido al personaje principal.



La tríada Roth, Bustos y Bertolucci funciona muy bien. Cecilia Roth hace una interpretación brillante. Como si el personaje hubiese sido escrito para ella. Se nota que está disfrutando de la actuación y nos recuerda sus primeras películas. 

Si bien es una comedia, tiene un humor ácido e incómodo. A tal punto que por momentos nos hace dudar si son aciertos o no. Por ejemplo, el papel de Justina Bustos es el estereotipo de una chica del interior medio bruta que no puede lidiar con los problemas laborales de la gran ciudad. O la inclusión de escenas que no le aportan nada a la trama, que se incluyen como para hacer reír pero se quedan a mitad de camino. 

Como tema colateral aparece la creatividad. En algún momento Berta Muller estuvo inspirada y pudo escribir. De allí surgieron sus primeros libros, su impulso creador pudo tener continuidad y materializarse en exitosos ejemplares literarios. Pero ¿qué pasó después? Betina Gonzalez, escritora y profesora en la UBA tiene un libro que se llama “La obligación de ser genial”, en él explora el proceso creativo en la escritura. Ese título me parece más que cierto, porque ¿Qué pasa cuando aparecen momentos en los que no podemos responder como lo veníamos haciendo? ¿Qué sucede cuándo un artista no es tan genial como antes? ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar los cambios? ¿Por qué pretendemos que un artista sea siempre genial? ¿Qué no aceptamos como espectadores? El que hace se equivoca, y a veces despojarse de esa presión tan instalada por la redes sociales y la sociedad de consumo en todos nosotros, puede liberarnos e impulsarnos a hacer algo. Lo que de verdad tengamos ganas.



Columna publicada en @otropuntodigital

 
 
 

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