Capitán fantástico
- 4 feb 2025
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¿Con qué película terminar el año? Pensaba en qué cualidades debería tener la reseña del último mes del año y apareció ésta en mi registro: “Capitán fantástico” (Captain Fantastic 2016). La propuesta es poder pensar en la realidad que deseamos construir y el modo en el que vamos a hacerlo.
"Capitán Fantástico", dirigida por Matt Ross, es una obra cinematográfica que desafía las convenciones de la vida familiar moderna y nos invita a reflexionar sobre la educación, la libertad y el significado de la vida en sociedad. La película sigue la historia de Ben Cash, interpretado por Viggo Mortensen, quien cría a sus seis hijos en un entorno aislado en los bosques del noroeste de Estados Unidos, lejos de las influencias del mundo contemporáneo. Cuando su esposa muere deben emprender un viaje para encontrarse con los abuelos maternos. En un colectivo acondicionado para viajar y vivir el tiempo que dura el recorrido, van a encontrarse con la realidad de un país caracterizado por el consumismo extremo y el sello inconfundible del capitalismo. En este sentido entraría dentro del subgénero de las Road Movie o “Películas de Carretera”, que tienen como característica fundamental el desarrollo del personaje a través de un viaje. Es así que Ben Cash va a comenzar a preguntarse si las decisiones que tomó hace unos años son las correctas.

Desde el inicio, la película establece un tono provocador y conmovedor. La visión utópica de Ben sobre la crianza y la educación es tanto inspiradora como inquietante. A través de su estilo de vida radical, la película plantea preguntas profundas sobre el equilibrio entre la libertad y la responsabilidad. ¿Es posible criar a los niños en un entorno completamente alejado de la sociedad sin que esto tenga repercusiones en su desarrollo emocional y social?
La cinematografía es otro de los puntos fuertes de "Capitán Fantástico". Los paisajes naturales que rodean a la familia son visualmente impresionantes y sirven como un hermoso contraste con las tensiones internas que enfrentan los personajes. La dirección de Ross logra capturar la esencia de la lucha entre los ideales y la realidad, lo que se traduce en momentos de gran intensidad emocional.
Los actores secundarios, incluidos George MacKay y Samantha Isler, aportan profundidad a la narrativa, mostrando cómo cada uno de los hijos de Ben lidia con su propia identidad y los desafíos que surgen al salir de su burbuja. La dinámica familiar es compleja y auténtica, lo que permite al espectador conectar con cada uno de los personajes.
A medida que avanza la trama, se hace evidente que la falta de interacción con el mundo exterior tiene sus desventajas, lo que lleva a un desenlace que invita a la reflexión sobre el verdadero significado de la familia y la comunidad.

En estos dos últimos puntos es en donde me interesa hacer foco. Proyectandonos hacia un nuevo año, en el contexto social y político que estamos atravesando cabe preguntarnos ¿Qué tipo de sociedad queremos seguir construyendo? Como se ve en la película, ningún extremo es factible de sostenerse en el tiempo, sin embargo hay situaciones que no deberíamos dejar que sucedan de ninguna manera. Sea cual sea el proyecto de país que queremos no debería ser admisible que un 66% de los niños menores de 14 años vivan en situación de pobreza, por ejemplo.

Jean-Jacques Rousseau, filósofo del siglo XVIII creía que los seres humanos son inherentemente buenos, pero que la sociedad y sus instituciones corrompen esa bondad natural. Una de sus obras más conocidas, "El contrato social", propone que la legitimidad del gobierno debe basarse en un acuerdo entre los ciudadanos, donde todos se comprometen a trabajar por el bien común. También enfatiza la importancia de la educación y el desarrollo personal, defendiendo que la educación debería fomentar la libertad y la autonomía en lugar de la conformidad.
Rousseau abogaba por una vuelta a la simplicidad y la conexión con la naturaleza, creyendo que esto podría ayudar a restaurar la bondad innata del ser humano. Tal vez deba ser por ahí el camino, volver a los simple, a dejar de centrar nuestra atención en lo individual, levantar la cabeza de las redes sociales y generar posibilidades concretas en donde quepamos todos. Juntarnos, brindar y sentir ese poema de Mario Benedetti que dice: “Vivir la vida y aceptar el reto,/ Recuperar la risa, /Ensayar un canto, /Bajar la guardia y extender las manos /Desplegar las alas /E intentar de nuevo, /Celebrar la vida y retomar los cielos.” Chinchin.
Columna publicada en @otropuntodigital Diciembre 2024



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