PUAN
- 17 nov 2023
- 3 Min. de lectura

Desde hace unos meses se está hablando de esta película argentina dirigida por María Alché y Benjamín Naishtat. Es que esta coproducción Argentina -Italia -Brasil -Francia -Alemania no sólo ganó en el Festival de San Sebastián los premios al mejor guion y a la mejor interpretación para Marcelo Subiotto sino que presenta un tema de actualidad muy importante como es la defensa de la educación pública de calidad en un presente en donde su continuidad está en juego en nuestro país.
El film tiene como protagonista a Marcelo (Marcelo Subiotto), un hombre de unos 50 años, que ha dedicado su vida a la enseñanza de Filosofía Política en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Cuando su jefe de Cátedra, mentor y compañero muere inesperadamente, se presenta el dilema en el equipo de trabajo sobre quién será el nuevo titular de la Cátedra que ha quedado vacante. En medio de esta situación un excompañero de estudios, Rafael Sujarchuk (Leonardo Sbaraglia), ahora colega, regresa desde Alemania para disputar el puesto vacante. Comienza entonces una batalla por cuál de los dos ganará el concurso, en el medio la defensa por la educación pública.
A través de la comedia vemos las peripecias de Marcelo para afrontar el problema de cómo ganar la titularidad de la cátedra. Marcelo es el estereotipo de profesor de filosofía que está comprometido con la realidad del país, no es consumista, usa siempre la misma ropa (vaqueros y sacó pasados de moda), una mochila en la que se puede ver el paso de tiempo, da clases en diferentes lugares, vive con su familia en un departamento mínimo que es lugar de reuniones políticas, su esposa es militante y su hijo un niño comprensivo y contestatario. Por otro lado tenemos a Rafael, otro estereotipo. Profesor de filosofía cool. Vestido en colores claros, un corte de cabello cuidado pero relajado, sabe de vinos y música, habla alemán (idioma en el que piensan muchos filósofos), tiene una botella reutilizable para tomar agua, sale con una actriz reconocida y su mirada sobre el futuro es esperanzadora y naif, señala aquel lugar en donde debemos encontrar lo alegre y lo bello. A pesar de la disputa no nos encontramos con un héroe y un villano.
Las situaciones en las que se ve enredado Marcelo nos hacen reír y a la vez saber de entrada que no tiene posibilidades de ganar ese concurso. Como el Charlot de Charles Chaplin, este profesor deja en evidencia problemas e injusticias de la sociedad actual, específicamente las relacionadas a las condiciones laborales de los docentes argentinos, y a la educación pública.
Los fragmentos de las clases que aparecen en la película tampoco son azarosos. Sócrates, Rousseau, Spinoza, Kant, Heidegger, Sartre, Hobbes son algunos de los filósofos que se mencionan. ¿Son la literatura y el arte una forma de generar mayor desigualdad social? ¿Cuál es la distancia justa entre el Estado y las personas? ¿ Por qué las armas son la única forma que encontró el estado de garantizar la paz? ¿Por qué a la filosofía occidental se la llama filosofía y a la que se produce en latinoamérica pensamiento? La película también hace filosofía con los diálogos cotidianos. “Sin PUAN no soy nadie”, “¿Por qué se atan a esa facultad?” “¿Cuál es tu propia voz?”, entre muchos otros nos llevan a preguntarnos ¿Qué pasa cuando nuestro mundo, a veces mejor y otras menos, tambalea? ¿ Cuáles son nuestras certezas? Otra vez la muerte poniendo todo de revés y dando esa cachetada vital. Canta el tango “Nieblas de Riachuelo”, leit motiv de la película: Sueña, marinero, con tu viejo bergantín/ Bebe tus nostalgias en el sordo cafetín/ Llueve sobre el puerto, mientras tanto mi canción/ Llueve lentamente sobre tu desolación/ Anclas que ya nunca, nunca más, han de levar/ Bordas de lanchones sin amarras que soltar/ Triste caravana sin destino ni ilusión/ Como un barco preso en la botella del figón. Su contrapunto: el movimiento. La única forma de no quedarse preso en la botella del figón.



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